No puedo evitar criticar la huelga encubierta de los controladores aéreos españoles bajo el disfraz de baja laboral como tampoco puedo hacerlo con la actitud del ministro José Blanco (Pepiño, para los amigos). Sobrados han estado los primeros argumentando que estaban muy estresados cuando son ellos mismos los que han buscado, ávidos de plata, las horas extraordinarias en detrimento de la incorporación de nuevos compañeros de trabajo. Pero el segundo no ha sabido aplicar la "legalidad vigente" con la suficiente mano izquierda. Esa que, al fin y al cabo, es menester usar si de trabajadores hablamos aunque estos cobren sueldos galácticos, fuera de toda lógica y prudencia. Decir que miembros del ejército se estaban preparando para suplir las vacantes en los controles de los aeropuertos me ha resultado, cuanto menos, sorprendente, por no decir propio de una república bananera.
Pepiño de las Tinieblas cada vez se muestra más en público como lo hace en privado. Y lo dice uno que ha sido empleado suyo muchos años.
Luego, la amenaza constante de los controladores de ir a la huelga en plenas vacaciones de los españoles, se filtró a los medios de comunicación como un vomitivo muy poderoso que llegó podrido a las pobres gentes que ya rezumaban problemas por todos los poros de sus cuerpos casi inertes sin necesidad de tanta intervención divina. También lo fue, por supuesto, la pataleta de Pepiño a la hora de negarse a negociar directamente y preferir enviar a terceros para amenazarles al más puro estilo mafioso; las posturas de fuerza sólo sirven para agrandar aún más las diferencias. A ver si aprendeis, futuros negociadores del mundo, que esa es la imagen que han transmitido siempre vuestros predecesores ante la negativa a ceder peldaño alguno de esa escalera que lleva a la conjunción de ideas.
Dos lemas: para los primeros, "Todo por la pasta"; para los segundos, "A mí la Legión Infernal". Muy patrio todo... Al fin y al cabo, ambas facciones actúan por el bien de España, ¿no es así?
Salu2
Huang-ho

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