¡¡FANTASMAS!! - GHOSTS!!
-"¡Oh, cuánto lo siento!", se disculpó Jokin. -"Pensé que no sería necesario advertirlas sobre las pinturas del techo pero veo que me equivoqué. Dorleta y yo, estamos tan acostumbrados a ellas que ya tan siquiera las vemos aunque comprendo resulten terribles para quien las vislumbra por vez primera. Pero bajen, por favor, que la cena está a punto de ser servida. No teman nada. No son más que eso: pintadas de un gamberro", sonrió con ánimo de borrar el susto de sus caras. -"La verdad es que cuando heredé este caserío hice pintar todo el interior y restaurar la madera", prosiguió a modo de confesión. -"Pero eso fue hace muchos, muchos años y el lavado de cara de las paredes desapareció con ellos, con el tiempo pasado. Fue mala suerte que el temple blanco protegiera las caras en lugar de destruirlas. ¡Pero así fue! Ahora, desde luego, no tengo fuerzas ni deseos de emprender una nueva reforma."
-"Es comprensible", pensó Deunoro en voz alta.
Una vez sentados a la mesa situada en medio del salón bajo aquellas temibles representaciones artísticas, ahora en la penumbra, la anciana comenzó a abrumarles ofreciendo un plato tras otro de especialidades clásicas de la cocina vasca, recetas robadas de la alacena familiar o de sociedades gastronómicas; de las etxekoandres, amas de casa recicladas en cocinas de bodegas y tabernas; de los arrantzales que buscan la anchoa oculta. Así, en comitiva culinaria, la zurrukutuna y la mendreska, lujos de la tierra y del mar, se abrieron paso entre los pensamientos más lúgubres. La cocción justa, las salsas ligeras para el cuerpo y la mente, apenas tuvieron piedad con los paladares ajenos a estos manjares. Para finalizar, la intxaursalsa destrozó las voluntades más ferreas. Aquella salsa de nueces caliente borró todo recuerdo indeseable acumulado en el día.
-"¡Es increíble!", gritó Arrats poseída por sabores y olores celestes apoyada por su marido que asentía con la cabeza en actitud mística sin reparar en que su vista aún se clavaba en el cuenco donde el sabroso postre vivió antes de desaparecer merced a sus glotonas tripas. -"¡Le ruego dé la receta a Deunoro! Es el cocinillas de casa", aclaró entre sonrisitas cómplices.
- ¡Mamá, por favor! Dí a papá que nos haga intxaursalsa todos los días", pidió Artizar extasiada.
-"¡Está bien, está bien! Agradezco todos los comentarios", intervino Dorleta complacida con tanto agasajo en relación a su cocina. -"Los fogones han sido mi pasión en esta vida. Me han permitido comunicarme con gentes de todas partes sin necesidad de mediar palabra. ¡Es tan increíble la magia del fuego...!"
-"A mí me perdió el paladar", bromeó Jokin. -"Me he pasado una vida entera esperando la hora del desayuno, del almuerzo, de la comida, de..., ¡de la hora de llenar la barriga! ¡Y así me va, ja, ja!", observó sorpendido por su voluminoso abdómen que agradecía como un perrito faldero las friegas recibidas.
Platos y cubiertos desaparecieron del escenario casi tan rápido como las viandas. Después de recoger la mesa en amistoso grupo, el anciano guió a sus inesperados invitados en dirección a la habitación que les había asignado como dormitorio. Enseguida un museo dedicado a la decoración de siglos pasados se apareció tras la puerta que separaba el salón de un mundo ya olvidado.
-"Fueron tantas y tantas las personas que han dormido entre estas paredes que mis abuelos decidieron disponer un libro de visitas para que pudieran dejar un recuerdo de su estancia. Es ese mismo que pueden ver allí, sobre el atril", señaló Jokin apuntando con una pipa de madera a la derecha del dormitorio. -"Sería deseable que también se animaran a estampar sus pensamientos en él. Aún sobran páginas. Ya ven que es muy voluminoso; los abuelos fueron previsores... Espero que las camas sean de su agrado", prosiguió cambiando de tema. -"No quiero robarles más tiempo de su descanso. Me voy a fumar mi pipa junto a la chimenea. Si desean algo, allí estaré un rato más. ¡Hasta mañana!"
Salu2
Huang-ho
