¿Será, éste, el ocio que consumiré cuando sea mayor? Sinceramente: prefiero lo de los pantalones subidos hasta el sobaquillo.
Como pez en el agua...
Caminando a tempranas horas por una céntrica vía madrileña plagada de Kioskos de prensa coincidí con la reposición y la retirada de publicaciones en uno de ellos.
Observé, alucinado, que la mayor parte del material impreso retirado no correspondía a diarios de tirada nacional, ya obsoletos gracias a La Red, sino a las revistas del corazón que otrora constituyeran tremendas máquinas de hacer dinero.
Por supuesto, no pude evitar preguntar al fornido repartidor de prensa qué estaba sucediendo. Y el me contestó que "la interné esa" había herido de muerte a los periódicos pero que la televisión, plagada de programas rosas, había asesinado a este tipo de publicaciones.
¡Vamos a ver! Todo se traduce de la siguiente forma: nos pone mucho más ver y oír berrear a la Belén Estebán en un "rility-reality" (¡Dios! Cómo odio ese término...) que leer el artículo de un periodista que describe la penosa situación dejando lugar a que nuestra imaginación termine el trabajo.
Es fácil... Es cómodo... ¡Es vomitivo y nos gusta! Nos gusta ver a esa mujer que, operación tras operación, se va pareciendo cada vez más a un pez, quizás a un besugo chillón, especie única pero altamente cargante.
La conclusión: pobre mujer que nos hace sentirnos, después de verla y oírla, personas de provecho.
Huang-ho