Supongo que así me habreis sentido esta mañana, en el post del regreso a lo cotidiano; en esta nueva vida, mi reentré furiosa aunque controlada (eso espero). Pero, ¡comprendedme!: uno lucha a diario por buscarse las lentejas entre fallidas entrevistas de un trabajo que no existe en España porque toda economía muere. Mientras, sableas a tus parientes por no dejar en la ruina alimenticia a tu hija en un intento vacuo por llenar las arcas de los que te suministran electricidad y desidias en formas de letras usureras. Para ayudar haces una magnífica amiga llamada Jodida Fibromialgia que te acompañará, desinteresada y puñetera, hasta el fin de tus días.
Comprended que en esta situación, la mía y la de tantos y tantos otros españoles (pero mejor, ¡infinitamente mejor!, que la de los que ya no pueden ni quejarse siquiera vía blog porque no tienen ni para pagarse el ADSL) uno llegue a alucinar con tanta mentira -soez por obvia-, con tanta corrupción y minusvalía política. Y eso sin contar con los problemas cotidianos, los que tiene cualquier persona a lo largo de los días.
Así me levanté esta mañana...
Es cierto: tal que así, como el Doberman de la imagen, me levanté esta mañana. Aunque, para resarciros, espero desearos felices sueños relatando cómo he conseguido enseñar a Hada, mi hija, mi mundo interno, mi futuro en este plano astral, a tomar el desayuno más típico de este lado del Mediterráneo: tostadas con aceite. Sin café, por supuesto: sólo un gran vaso de Cola-Cao.
He tratado de hacerla comprender que como mejor se toman los pedazos de pan tostados es mojándolos en la leche chocolateada. Ella parece hacerme caso cuando se lo sugiero pero, una vez que introduce la tostada en la taza humeante y la asienta sobre el fondo cerámico, comienza a comerse la parte que asoma por encima de la superficie líquida hasta que llega a la zona húmeda. Entonces retira ese pedazo sobrante amparada en una gran razón: "Está shushio". Y vuelve a repetir la acción con el resto de la tostada.
Salu2 limpitos
Huang-hi-tos
