Érase una vez una señora conocida como Esperanza, La Brujita Guerrera, que siempre arengaba a las gentes para rebelarse contra todas y cada una de las leyes que el Gobierno de El País de las Hadas aprobaba porque a ella no la gustaban ni un pelo y, sobre todo, por dejar a los gobernantes en mal lugar al objeto de pescar en aguas revueltas.
Parece que Doña Espe manda callar...
Pero el Jefe de los Pitufos Azules, Mariano Rajoyano, a quien La Guerrera debía pleitesía, no estaba a gusto con las iniciativas de la conflictiva mujer porque no partían de su real persona. Más lamentablemente, se veía obligado a secundarlas por aquello de la imagen de unidad. Su jefatura, por tanto, quedaba en entredicho de forma constante, aumentando exponencialmente por cada una de las vueltas de tuerca que la aguerrida practicaba con el deleite propio del que tortura al mensajero hasta la muerte al tiempo que le insulta sin decoro alguno, algo que apreciaba hacer con cualquier opositor a su causa, a ella misma.
Pero nadie se atrevía a desvelar al Jefe Rajoyano el propósito de tamañas actuaciones que para todos se hacía obvio menos para él: Esperanza, La Guerrera, La Cólera Aguerrida de Dios, le estaba ninguneando como nunca nadie lo había hecho hasta el momento, ni siquiera Fragezna, el Dragón Verde.
Fragezna, el Dragón Verde
El futuro se pintaba de la siguiente manera: en breve los Pitufos Azules podrían nombrarla como su candidata a luchar por el control del Reino de las Hadas en detrimento de El Rey de los Zapatos Rojos, inquilino habitual del Palacio de la Góndola en los últimos tiempos.
¡OJITO, MARIANO, QUE VIENE LA ESPE!
¡Ave, César! Los que van a morir te saludan. Yo te digo adios, por si acaso.
Huang-ho

