ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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martes, 19 de octubre de 2010

LOS CONCURSOS DE TELEVISIÓN, ¿PRUEBAN NUESTRA INTELIGENCIA O LA FÉ EN EL SER HUMANO? (Segunda parte)


El público como ganado, buen reclamo para los espectadores sentados frente a la televisión.

 Pablo saltó al estrado feliz. Era su oportunidad y sería su momento de gloria si llegaba a cumplir las espectativas de ganar por goleada. Visto lo sucedido hasta el momento, no parecía que fuera a pasar nada que lo impidiera.

-"¡Vamos, Pablete: acciona la ruleta!", intervino de nuevo el presentador. -"¡Te ha tocado la ese deeee Sevilla es una maravilla!", gritó lo mismo que si hubiera creado la tonta frase. Y los asistentes gritaron al unísono "¡Bieeennnnn!" como si reconocieran la titularidad al animador de este circo. -"Se trata de averiguar qué reciente especialidad química practican los ganadores del Premio Nobel de Química en este año."

Pablete quedó mudo por unos segundos. La pregunta tenía un nivel muy superior a las formuladas a Mari Patri.

- "¡Vamos, Pablete: anímate que el tiempo corre!", increpó su interrogador.

- "¡Olé tú-uévo, sosio!", protestó el concursante.

 - "Perdona, Pablo, ¿qué has dicho?"

- "¡Q isse, q isse! Po'k voi a dessi, sosio? K t'as passao"

- "Pablete: si hablas en pokero me veré obligado a suspender el programa y proclamar vencedora a la Patri", comentó enfadado el animador.  

- "Tu k mestá vasilando? Ira, suprimo: no puéo falá dishtinto. No zé", explicó "se_Pali", diminutivo cariñoso que le distinguía en el mundo Cani.

- ¡Pero si antes pronunciaste una frase en perfecto castellano!", recordó el locutor.

- "Ma'prendí d mmoria pa'fardá. É Jonathan m'lanseñáo. Tá shula, güey!", aclaró.

- "¡Lo siento, Pablo-clavó-un-clavito! Dado que no has contestado correctamente la pregunta, yo lo haré por tí. El premio Nobel de Química 2010 ha sido otorgado conjuntamente a Richard F. Heck, Ei-ichi Negishi y Akira Suzuki por el acoplamiento cruzado catalizado en Sín-te-sis Or-gá-ni-ca para la producción de moléculas complejas", dijo en voz muy alta, procurando pronunciar sílaba a sílaba la respuesta que esperaba hubiera provenido de Pali.

- "Ei mecajun diós. Que yo "tsoi" mu loko!", amenazó Pablo ante tamaño agravio comparativo. Cómo iba a poder responder él con acierto una pregunta propia de un programa intelectualoide en virtud del escaso bagaje cultural acumulado en vida. -"K t meto una yoya assín!".

El presentador, temeroso por la que pudiera organizar Pablete, trató de aplacar su ira con una frase célebre: -"Enga amonos ke etsa gente no tiene na pa'tí!", concluyó.

El concursante, gratamente sorprendido, decidió hacer caso. -"Aaaaro, illo. Vms pa'kelly".

- Uuuuueeeeee!!, clamó el showman para dar por finalizado el programa.

Salu2
Huang-ho 

LOS CONCURSOS DE TELEVISIÓN, ¿PRUEBAN NUESTRA INTELIGENCIA O LA FÉ EN EL SER HUMANO? (Primera parte)

Se me ocurrió, hará un par de días, cansado ya de darle a la tecla del ordenador, asistir desde el sofá de mi casa a un espectáculo que en teoría se ofrece a diario al objeto de espolear nuestra inteligencia. En cierta forma lo consiguió. Al cabo de un rato sentí un jinete cabalgar con mi testa por montura mientras clavaba sus espuelas de siete puntas en mis sienes una y otra vez. Era más que dolor lo que los guionistas proponían por medio de la caja tonta. No veo televisión de forma habitual, de verdad. Y después de aquella sesión inenarrable, no creo que vuelva a hacerlo en mucho tiempo; aún debo recuperarme de las lesiones cerebrales logradas en un estúpido intento de convertirme en un ser normal. Debería saber de antemano que nunca lograré coronar semejante cumbre.

¡En fin! Voy a tratar de describir el hedor a putrefacción que emanaba de la pantalla... 

Como emitidos desde una pecera se me antojan los temibles concursos televisivos, sus pertinaces presentadores y sus pisciformes concursantes. Así es como recuerdo el salón de mi casa aquel aciago día.

Antes de dar comienzo a una lucha infecta por ser el primero en rellenar una especie de sopa de letras, el presentador de turno hizo de gracioso de la clase con sus amables chascarrillos sobre lo mal que están las cosas apoyado en un monólogo más bien pobretón y pasado de moda. Resultó brillante su discurso, algo así como hugar en la herida abierta.

Después se atrevió a presentar a las lumbreras que concurrían en dicho programa. La primera, Mari Petri García, una estudiante de peluquería de apenas veinte años, ansiosa por participar, se abalanzó sin previo aviso sobre el petrimetre de casi dos metros de altura que hacía las veces de presentador y le dió un apasionado beso en la mejilla izquierda ante el asombro general. -"¡Si es que estás más güenooo!", se excusó por su atrevimiento. El público, por supuesto, aplaudió con rabia el numerito. El canal televisivo privado aumentó repentinamente su audiencia hasta límites jamás esperados; la noticia había saltado de boca en boca y de teclado en teclado. En la Web del canal los internautas mas frikis repetían la visión de la escena una y otra vez.

Luego entró en escena Pablo Pérez -Pablete para los amigos-, taxista por cuenta ajena durante diez largos años hasta que las circunstancias le obligaran a cambiar el volante por la vida nocturna del portero de discoteca. -"Jamás me ha robado nadie la recaudación durante el tiempo que me curré el taxi", explicó orgulloso. Nadie en el plató puso en duda su palabra. Su aspecto de emigrante del arado pasado por el grosero tamiz del gimnasio para boxeadores profesionales, no dejaba lugar a dudas. De nuevo espontáneos aplausos, esta vez para un valiente, un héroe del asfalto. Pero lo cierto es que su anterior trabajo probablemente fuera más arriesgado que el actual.

Por fin dió comienzo la representación; una puesta en escena propia de un circo con animales de gran tamaño en plena exhibición de sus facultades humanas arropaba el derroche de tiempo y neuronas que conformaba semejante despropósito. Después de girar la ruleta que indicaba la inicial de una palabra misteriosa, la concursante de Parla entró en tensión pues la respuesta inmediatamente le vino a la cabeza cuando el animador del cotarro le dijo:

- "Palabra que comienza por eme de "Madre" y hace referencia a un nombre bíblico de mujer...", pronunció con signos de preocupación en su semblante causados por la dificultad del interrogante planteado apenas sin pistas.

- "¡Yo, yo! ¡La Mari Patri!", gritó con satisfacción incontenida. -"¡Ma-rí-a!", pronunció sílaba a sílaba, entre risotadas de camionero, procurando que se le entendiera perfectamente no fuera a ser que le escaparan los puntos.

- "¡Fantástico!", gritó el conductor del programa a modo de felicitación. Y tras permitir que ella repitiera turno por su preciso acierto, volvió a la carga: -"¡Vaya, otro nombre de mujer! Esta vez comienza con la y griega de "Yugoeslavia" pero hace referencia a Holanda. ¿De quién estamos hablando?", preguntó con aires de misterio en sus ademanes.

Los ojos de la Patri se encendieron. También conocía la respuesta a este nuevo dilema y la escupió con fuerza: -"¡Layola, Layola!".

El rostro del presentador se ensombreció cuando se vió obligado a recriminarla después de haber hecho parar por completo el concurso. -"Señorita Patri, señorita Patri, ¡ay!: me veo obligado a llamarle la atención. Creo que fuí muy claro cuando le comenté en su camerino que en televisión está prohibido pronunciar palabras y/o frases groseras y/o malsonantes." Después de un breve lapsus de tiempo mantenido en silencio para generar expectación, prosiguió su discurso moralista ante un público amedrentado por la inesperada situación: -"La palabra "Cayola" (permítanme, amables televidentes, repetir semejante grosería) hace referencia a un acto impuro sexual realizado a mano y en solitario. Además no comienza por y griega sino por ce de "Catatónico", como puede usted observar", explicó para justificar el veredicto final. -" Me veo, por tanto, en la obligación de dar por errónea la respuesta y retirarla, a modo de castigo y según el reglamento interno, los puntos obtenidos con anterioridad".

- "¡No, no! ¡No se ha enteráo de lo que he dicho!", exclamó angustiada la Mari ante la injusticia que estaba a punto de cometerse con su persona. - "He dicho "La-Yo-la", la "Yo-lan-da", como mi prima la Yoli, la del 5º C".

- "¡Aaahhh! Disculpe, Mari Patri. Es que este público es muy ruidoso y no he podido oírla con claridad", volvió a justificarse él. Y decidió concederle como válido el nombre de Layola por el de Yolanda entre aplausos y música estridente proveniente de trompetas y otros metales de una orquestilla de barrio contratada para ambientar el estudio de televisión con pasodobles, rumbitas y otras veleidades populares de nuestra España cañí. Así pues, la concursante pudo volver a probar fortuna con la ruleta.

- "Préparese, Mari, que la cosa ya empieza a ponerse difícil", advirtió el animador, dolido por tener que someterla a semejante tortura, nada más detenerse la rueda que hacía girar el indicador en forma de flecha que escogía las letras del panel y que accionaba el concursante de turno. - "¡Allá va! ¡La efe! Palabra cuya inicial hace referencia a un producto vegetal típico de la Primavera y que se ofrenda a la Virgen en dicha estación", dijo con mucha prisa, la misma que empleo ella para equivocarse rotundamente a pesar de saber a qué se estaba refiriendo el bello presentador.

- "¡El floripondio!", declaró feliz.

- "¡Lo siento, señorita Patricia! Pero esta vez no puedo dar por válida su respuesta porque en caso de hacerlo iría en detrimento del otro concursante. Ya hemos sido generosos en sus intervenciones anteriores pero comprenda que no podemos continuar en la misma línea todo el programa", comentó con pena, acompañado por un peguijero "¡oohhhh!" que habían pronunciado al unísono los espectadores de un lado y otro de la pantalla. Después, terminó de argumentar su decisión: -"Su obligación como concursante es declamar con exactitud la palabra a la que nos referimos. En este caso se trata de la palabra "Flor", no "Floripondio". Así las cosas, debemos ceder el turno a... ¡Pableteeee! ¡Suerte, Pablo, Pablito, Pablete!"   

(Continuará...)

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