Un día te ilusiona por su aguerrida postura contra las mafias político-bancarias; al siguiente, te toca las narices apelando en su discurso como flamante Premio Nobel de La Paz a la utilidad de las guerras justas. Y al tercer día, nos da lecciones de solidaridad consiguiendo la sanidad casi universal para sus gentes y así poder, al cuarto, autorizar prosprecciones petrolíferas, como guiño al Partido Republicano, en muchos sagrados ecosistemas. Pero, finalmente, nos alegra escuchar de sus labios que se propone reducir el arsenal atómico aunque su magnífico gesto no vaya a servir de mucho en un mundo plagado de arsenales radioactivos.
Yo me pregunto cuál será la siguiente medida porque es la de arena la que toca.
Salu2
Huang-ho