ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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lunes, 8 de marzo de 2010

¡ ABDUCIDO !

Ya están aquí... O algo así.

Ayer, mientras que los hombres de buena voluntad dormían el sueño de los-que-pagan-hipoteca-y-,en-consecuencia-,todos-los-días-se-levantan-para-ir-al-trabajo-muy-temprano-y-así-ganar-dinerito-para-que-el-banco-no-se-quede-con-la-casa-y-el-coche, sentado frente a mi ordenador (¡qué raro!) sentí que una fuerza extraña, nacida en mundos paralelos, me animaba a levitar cual paloma-mensajera-con-pedigrí en pos de cumplir su misión: dejar en volandas el mensaje de quien ama a la persona amada; advertir al invadido que la guerra del invasor llama a su puerta; también, por qué no, comunicar a tu mujer que te has quedado sin saldo y no has tenido más remedio que sacar un ave cagona del bolsillo para decirla que hoy te quedas a trabajar hasta las tantas... ¡Y de verdad que sí, que no hay rollos raros! Últimamente no hay más remedio que hacer horas extraordinarias.

¡Pues sí! Eso es lo que me ha pasado a mí estos días en los que he realizado tan poquitas entradas. Ando preparando unos "trabajitos" aquí y allá para demostrar mi valía y mi buena actitud y aptitud al objeto de ganarme las lentejas. En lógica consecuencia, me he sentido como abducido por extrarrestres de este mismo planeta.

Luego de tan inexcusable ausencia, y en aras de hacerme el simpático, se me ha ocurrido esta enorme tontería redactada para excusarme ante mi genial público y evitar en este modo que abandone la lectura de las creaciones generadas no por mí, sino por el pequeño ser al que ya conocéis como mi pequeña e inválida neurona: la única que aún remansa en el interior de mi bóveda craneal.

Reflexionando sobre mi feimousss neurona, he llegado -no sin trabajo- a plantearme los siguientes interrogantes metafísicos a modo de una Belén Esteban cualquiera: ¿será por el vacío de mi cabeza que la pobre hace eco cuando choca contra las paredes de los revestimientos óseos debajo de mi cuero cabelludo? ¡Anda! A ver si es que no oigo voces y ruidos extraños sino a la pobre neuronita gritar: -¡Paráte ya, reloco, que me matás!

(Casi mejor que no hubiera escrito nada, ¿verdad? Tal cual lo he hecho resulta complicadito fidelizar a la gente: más bien la espantas.)

Salu2
Huang-ho

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