Últimamente nos pasamos el día "rescatando" entidades bancarias y gobiernos fallidos. Y escribo "nos" porque, al final, los que pagamos los platos rotos somos tú y yo, vía impuestos, vía recortes,... ¡Es igual!
Paquito, conocido artista del hambre, antes informático de prestigio y ahora homeless por obra y gracia de la crisis, se ha cansado ya de seguir pagando subidas de impuestos cada vez que se vé obligado a comprar su ración diaria de felicidad artificial embotellada. Ha decidido, en consecuencia, replantearse su actitud ante la vida. Ahora se ha autoproclamado "Portador de la Guadaña" con el objeto de rebanar pescuezos impecablemente almidonados.
Pues, lamentablemente, hemos sido testigos de un nuevo rescate, si cabe más surrealista que el de los bancos, monstruos financieros que nos metieron en el hoyo y ahora quieren cobrarnos la sepultura. Y ese nuevo despropósito al que hacía referencia ha sido, ni más ni menos, aliviar la deuda de las concesionarias que explotan las autopistas radiales, carreteras ideadas para aliviar el tráfico urbano a golpe de talonario. Algunas de ellas, aunque parezca mentira, sólo han logrado captar un 15% de los usuarios estimados porque los políticos del momento avalaron contratas haber hecho las cuentas en relación a su viabilidad. Era tan grande el negocio de la construcción de estos aliviaderos urbanitas que nadie quiso reparar más que en el pequeño detalle del beneficio propio...
Ahora, por supuesto, nuestros impuestos y las nuevas subidas de tarifas de peaje sacarán del atolladero a esta gentuza empresarial representados de indigna manera por un mafioso apedillado Díaz-Ferrán. Pero no va a servir para nada. Si antes no funcionaba el negocio por lo caro que resultaba para el usuario, mucho menos lo hará ahora que se disparan los precios.
Lo cierto es que cualquiera que viaje con cierta frecuencia por estas carreteras habrá sentido en sus carnes la soledad del corredor de fondo; ni tan siquiera los insectos se estrellan contra las lunas del automóvil porque les resulta inasequible volar por estos desolados parajes.
Salu2
Huang-ho
Lo cierto es que cualquiera que viaje con cierta frecuencia por estas carreteras habrá sentido en sus carnes la soledad del corredor de fondo; ni tan siquiera los insectos se estrellan contra las lunas del automóvil porque les resulta inasequible volar por estos desolados parajes.
Salu2
Huang-ho
