Es fantástico comprobar en la prensa internacional cómo, día a día, se va instalando con firmeza en las mentes de los ciudadanos de otras nacionalidades la imagen de una España impensable hasta hace sólo unos pocos años: la de la corrupción en todos los estamentos sociales coronada por la impunidad de los poderosos.
Aquí se nos vende desde las altas instancias una serie de actuaciones destinadas a mejorar las vidas de los españoles realizadas con la máxima claridad y transparencia, al tiempo que se firman leyes para reprimir cualquier queja al respecto.
Pero lo cierto es que fuera de nuestras fronteras los titulares siempre recogen lo mismo: corrupción, paro y elaboración de una legislación retrógrada. Cuando no es SACYR, o el Juez Garzón, o los propios futbolistas y sus clubes, o las leyes tardofranquistas de los Ministros Fernández y Gallardón, es la Infanta y su amado e insaciable esposo los que aparecen en portadas de otros rotativos que no son los patrios y en las quejas de foros políticos de muy alto nivel, como es el caso de la Comisión Europea (aunque a Montoro le parezca que no tenga nada que decirle).
Y luego, todos estos desmanes terminamos por pagarlos todos los españoles. Ya nadie se fía de España a la hora de hacer negocios, ni siquiera en nuestra propia casa. Además, las consecuencias económicas de todos los desmanes políticos y empresariales las pagamos, como siempre, los españolitos de a pie de nuestro propio bolsillo mientras que los responsables legislan bajadas de sueldos constantes y diseñan empleos precarios y esclavos.
Pero la culpa de que los piratas actúen como Pedro por su casa es nuestra y sólo nuestra. Si nos informásemos más y protestásemos en conjunto, nada de ésto podría llevarse a cabo. Pero ya se sabe: si ellos tienen O.N.U., nosotros tenemos dos.
¡¡Olé tus huevos, España!!
Saludos
Huang-ho
Y recuerda: SOMOS LO QUE VOTAMOS
