De las cosas que me ponen de los nervios y me revientan las tripas.
* NO SÉ YO, NO SÉ YO... qué está pasando realmente. Te levantas por la mañana, con la cara pegada al hueso craneal, poco distendida y menos amable aún, cuando escuchas a la radio decir que después de cuatro años y cinco intentos frustrados a los/las guaperas del Constitucional todavía no les han crecido los suficientes arrestos como para abordar el tema catalán sin perder el gozoso puesto de Jurista creso. ¡Qué vamos a hacerle! Después, con el café, un periódico electrónico te cuenta que un medio de comunicación impreso que alguien hace siete años cerró por ser malo de la muerte, resulta que no era para tanto. ¡Si es que no somos perfectos! Pero luego, a lo largo del día, el estómago se te va anudando, poco a poco, según rebosan las noticias jurídicas el vaso de agua que es por dentro el hueso pelado de tu cabeza... ¡Y mira que es grande, por Buda! Y así te vas enterando que lo del Gürtel y Garzón ha sido por puritita tontería del Juez estrella y que no hay político malo sino Juez capullo y por eso hay que mandar a la Falange Española y de las Tontas y Tontos que la forman y sostienen para que le metan en la cárcel por rojo y antifranquista. Si es que..., ¡si es que no tiene perdón de Dios, hombre! Pero luego metemos en la cárcel a un tipo normal por maltrato a una niña (y es que no), mientras que al narco colombiano se le deja salir de permiso de fin de semana y acaba en su propia tierra, a miles de kilómetros, o le quitan el piso al vecino de enfrente los mismos que le han dado la hipoteca basura, una más de las que nos han sumergido en una terrible crisis. ¡Y no pasa nada! Pues sí que pasa: así no vamos a ninguna parte.
En mi opinión, no sólo habría que substituir a los miembros poco erectos pero muy politizados del Constitucional, del Supremo y de tantos otras tontadas institucionales, adjetivo más que merecido a la vista de los resultados obtenidos. Lo cierto es que habría que modificar a fondo, muy, muy a fondo, la mentalidad de seres intocables que resulta ya innata a los miembros de la judicatura, seres humanos que, al fin y al cabo, son tan mortales como nosotros. La diferencia consiste en que han vivido y viven la vida tras una burbuja que no es inmobiliaria, habitualmente con mucha pasta por medio. Si alguien ha tenido la mala fortuna de asistir a un juicio habrá podido comprobar que en la sala hay un "aura" parecida a la de un misa solemne, todo ordenado como si de un altar con santos en retablo acordonaran el lugar en el que Dioses menores decidirán tu futuro, donde el más leve ruido ya es un paso hacia el cadalso.
En realidad lo que debemos transformar con urgencia es nuestra frágil sociedad, la misma que se paraliza por la volatilidad de unas cenizas volcánicas.
(A mí, un día de estos, me condenan a la pena máxima mientras se me excomulga por felón.)
Bshos de buenas noches
Huang-ho
(Nota: enlace a Los Mundos de Yupi.)
