ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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domingo, 2 de febrero de 2014

LA FULMINANTE DESTITUCIÓN DE PEDRO JOTA RAMÍREZ y LA PUBLICIDAD INSTITUCIONAL... ¡QUÉ MIEDO!

Seguro que comprenderéis que la primera parte del título de este post, la que hace referencia a la expulsión del director (hasta hoy) de El Mundo por airear casos de corrupción en el seno del partido que gobierna, pueda generar ansiedad y temor en lo que hace referencia a la libertad de prensa, a la libertad de expresión, esa que de forma tan dinámica se va haciendo cada vez más. Y no es que quiera justificar al conocido periodista que, de progre, sólo tiene la aureola con que le ha vestido siempre Agata Ruíz de la Prada, su estilista preferida. Aunque de este tema ya escribiré a su tiempo porque hay demasiada obscuridad.

Pero es seguro que dudaréis del temor que pueda producirme la segunda parte del título relacionada con la publicidad institucional. No, no me he vuelto conspiranoíco ni mucho menos. Y me explico:

Pedro J. aseguraba que por haber aireado los trapos sucios del PP su periódico había visto mermados en gran medida los ingresos derivados de la publicidad que la administración pública le estaba negando en favor de otros medios.

Ayer por la noche, sin ir más lejos, mientras hacía zapping en un intento por conciliar el sueño, me topé de lleno con un programa debate en el que se estaba tratando el tema que ahora nos concierne. Decidí ver parte del mismo a pesar que no soporto a la mayoría de los tertulianos porque están ahí siempre para justificar las tropelías que el poder comete con los pobres españolitos de a pie. Y me quedé asombrado, de verdad...

Uno de esos periodistas que siempre están ahí para hacer valer las veleidades de nuestros dirigentes de la derecha y de cuyo nombre no me quiero acordar, aseguraba que "lo que no se puede hacer es llamar gilipollas a Rajoy, como hace la Cadena SER" y esperar que dicha publicidad también beneficie a este medio radiofónico. Al tiempo, un tal Marhuenda, director de la hoja parroquial conocida como "La Razón", muy beneficiada por los gobiernos de derechas, asentía una y otra vez, sonrisa cínica de por medio, como si ese axioma fuera el correcto; el dogma a seguir. El problema es que su sonrisa parecía más bien un rictus agónico puesto que estaba luchando por respirar aplastado por su propio peso sobre un asiento que pedía la jubilación a gritos.

Marhuenda, ese ser...

¡Bien! Quisiera pararme a discutir varios aspectos. En primer lugar, está muy feo poner como ejemplo de lo que tú no crees se deba hacer a un medio de comunicación de la competencia, sobre todo si éste le da cien mil vueltas al tuyo, porque suena a envidia.

Más feo aún es poner en boca de auténticos periodistas los insultos soeces con que los voceros de la derecha como él mismo se despachan a diario en sus tertulias. Soy oyente de la Cadena SER y puedo asegurar que los periodistas de esa casa se desenvuelven siempre con gran elegancia, incluso a la hora de criticar. Deberían escuchar, en cambio, a los de Intereconomía o a los de Onda Madrid, cadenas pagadas ambas con dinero público a pesar que a la primera de ellas se le supone privada.

Luego está el hecho de justificar que los medios de comunicación afines al poder deban ser subvencionados con el dinero de la publicidad institucional en detrimento de los que no están de acuerdo con su proceder. A ver, señores: que ese dinero sale de los impuestos públicos. Y es por eso que se deben distribuir con equidad, no con criterios de discriminación negativa. Máxime considerando que la mayor parte de la población española no ha votado a un Rajoy al que un sistema electoral injusto le ha dado la mayoría absoluta. Y bien que hace uso y abuso de ella.

Y es que un hecho tan grave como el que pedía llevar a cabo el periodista al que antes hice referencia no lleva más que al intento de hacer desaparecer la crítica, de gobernar sin voces que puedan afear las malas gestiones y las tan extendidas corruptelas. En suma, de ocultar la verdad al ciudadano al más puro estilo fascista o estalinista, que a mí los extremos me han parecido siempre la misma basura.

Es por este motivo que me gustaría dar un consejo a Marhuenda y compañía: se trata de hacer periodismo, pero periodismo de verdad. No ese que hacéis en los pasillos de la Moncloa y de la Zarzuela, ni en los corrillos que organizáis en Itereconomía, La 13 y tantas otras nano-cadenas rescatadas con el dinero de nuestros impuestos. Porque dar calidad en los artículos de un periódico hace que la gente se subscriba a su cabecera y no a la de otros. El periodismo vital es el que atrae, pues, la publicidad que es, ni más ni menos, lo que un medio de comunicación necesita para sobrevivir y evolucionar, nunca las limosnas gubernamentales que no provocan más que la dejadez de un periodista que apenas sí tiene que buscarse las lentejas porque ya le vienen dadas.

Conozco la sede de La Razón y sólo puedo deciros que para mantener aquel edificio hay que ganar mucho dinero, en suma: vender bastantes periódicos. Sin embargo, un mando intermedio del periódico me dijo algo revelador el día que le visité y que todos los ciudadanos, de algún modo, ya intuíamos: "Los periódicos están fatal por la crisis y por la revolución digital", comentó apesadumbrado. "Pero es que La Razón..., ¡¡Uffff!!". Y decidió explicarme la situación con un ejemplo muy ilustrativo. "¡Verás! Si tú sitúas a todos los periódicos en una fila por orden de ventas y luego te colocas al final de la misma para, una vez allí, darte media vuelta y mirar hacia atrás, verás La Razón a lo lejos, entre la bruma y la niebla. Pero muy, muy a lo lejos".

Y de este suceso hace poco tiempo, ya con Marhuenda en la dirección. Entonces, ¿de qué viven? ¿De dónde sale el dinero necesario para imprimir la tirada habitual diaria? Desde luego que la publicidad no es atraída por el vacío de lectores y este libelo propagandístico da fé de ello.

¿Qué pretendemos, pues? ¿Imprimir con tinta amarilla para hacernos acreedor del dinero público en forma de publicidad institucional o de cualquier otro mecanismo más o menos obscuro? Pues eso, ni más ni menos, era lo que la bancada pro-gubernamental proponía ayer con todo el descaro de la ignorancia que, creen, nos atenaza.

Sinceramente: creo que si quieres difundir un mensaje es mucho más fácil hacerlo llegar a través de la Cadena SER, por su prestigiosa trayectoria y porque, sobre todo, esta emisora aglutina ella solita más del doble de radioyentes que el resto de las cadenas juntas.

Y ya, para despedirme, decir que el periodista que ha protagonizado este artículo terminó por meter la pata de forma escandalosa al final del debate pues también puso como ejemplo a El Gran Wyoming por haberse constituido como miembro destacado de las voces opositoras al gobierno. El problema es que su programa se da en "La Sexta", justo en la cadena televisiva que estaba emitiendo el programa debate en el que estaba participando.

En fin: mejor será que tome su programa como ejemplo de criticar sin insultar al tiempo que se divierte al personal. Así conseguirá atraer la publicidad privada.


Salu2
Huang-ho
Y recuerda: SOMOS LO QUE VOTAMOS

(Así me he quedado yo de guapo
tras las últimas elecciones
por haber no habérmelo pensado bien)


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