La crisis corre sin control por las calles de Españay nadie parece saber cómo pararla.
La cuestión es qué tipo de adaptación empresarial y laboral se puede realizar en un país que, como el nuestro, todo ha girado en torno al ladrillazo de los últimos tiempos. Construir el doble de viviendas de las necesitadas y conceder créditos hipotecarios dudosos para su adquisición no sirvió más que para endeudarnos tremendamente y obviar cualquier posibilidad de reorientar la industria de este país nuestro.
Me explico: yo puedo estudiar para Técnico de Paneles Solares y continuar en el paro; las pocas empresas de este sector que funcionan en España están cerrando gracias a que los bancos han plegado sus alas y no sueltan ni un céntimo. Es decir: me queda, de nuevo, emigrar a países que sí estén preparados para asumir los nuevos retos tecnológicos, los nuevos modos de vida. Me queda, pues, en caso de tener suerte, trasladarme a un mundo diferente al que conozco y olvidarme de familia y amigos. Si me quedo, la miseria se apoderará de mí, de los míos.
Es más: si aquí tratas de montar una empresa, como yo he hecho (y que ya he tenido que cerrar después de dos años y medio), tienes que soportar una carga impositiva anormal, unos pagos a la Seguridad Social excesivos, una cuota de autónomos rayana a la locura, nóminas dignas pero caras, unos alquileres de locales de otro mundo, luz y agua como si fueran de oro y, también, unos porcentajes altísimos a los proveedores y una competencia extrema de empresas extranjeras. Luego alguno pretenderá que, además, consiga pagar la hipoteca, los gastos habituales de mi vivienda, la alimentación, la ropa, el mantenimiento del coche y el pago de sus letras, los numerosos gastos imprevistos, etc., etc., etc.
En fin: país de borrachos.
Salu2
Huang-ho
