ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

.

Contador de visitas

contador de visitas
Mostrando entradas con la etiqueta EL ANILLO FANTASMAS 4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EL ANILLO FANTASMAS 4. Mostrar todas las entradas

viernes, 14 de mayo de 2010

HISTORIAS REALES DE FANTASMAS - TRUE TALES OF GHOSTS ("El Anillo" 4)


¡¡ FANTASMAS !! - GHOSTS!!

Arriba, en el cuarto de baño, las mujeres luchaban por evitar que sus vidas se congelaran bajo el grifo del lavabo. Arrats, sin embargo, se empeñaba en que su hija purgara sus manos en el glaciar líquido que emanaba un viejo caño terminado en bronce.

- "¡Venga, Artizar, no te hagas la remolona!", insistió en un par de ocasiones. -"Ya sé que está muy fría pero no puedes andar por ahí con tanta mugre".

-"¡Pero me duelen las manos, mamá!", protestó la niña.

-"¡De acuerdo, de acuerdo! Sécate ya, vamos...", concedió su madre. -"Toma la toalla y deja que me lave yo también. Parece que hubiera metido las zarpas en un lodazal", comentó sorprendida después de contemplar las palmas de sus manos alzadas ante sus ojos y haberlas girado una y otra vez para corroborar lo dicho.

Dispuesta a terminar con las capas tiznantes que se habían acumulado groseras sobre su piel, extrajo con dificultad el anillo de casada que ahogaba desde hacía años el dedo anular de su mano derecha. Enseguida puso todo su empeño en buscar un lugar seguro donde guardarlo. Fue así como Arrats descubrió un mueble pequeño relegado a permanecer olvidado en un rincón poco iluminado del aseo. Apenas podía vislumbrar las figuras pintadas a mano sobre la madera lacada pero se le antojaron odiosas. Aquellas caras deformes no podían representar más que terribles demonios salidos de un abismo desconocido, una fosa obscura ante los ojos de los que padecemos a este lado del plano existencial.

-"¡Buuffff!", exclamó con temorA pesar de todo, decidió depositar el anillo en el interior del cajón superior de aquel souvenir del averno. -"Mejor allí dentro que rodando por todas partes", pensó.

Ligeramente atemorizada, apuró sus abluciones para abandonar cuanto antes la estancia acompañada de su hija. Un escalofrío tras otro impregnaban su columna vertebral a cada paso que daba en dirección a la puerta de salida. El recorrido se le hizo interminable a pesar del excaso par de metros que la separaban de ella. Pero lo cierto es que no tardó en atravesar la frontera que delimitaba la inquietud del pavor, el temor del pánico. Nada más hacerlo un grito apagado se apoderó de su garganta. Allí estaban, justo por encima de ellas, las mismas pinturas que Deunoro ya había descubierto: las caras de las enfurecidas entidades que viera plasmadas en el mueble del baño.

Salu2
Huang-ho


PON UNA VELA NEGRA

PERSONAS DE ZOO en diapositivas