Es lo que dice nuestro conocido dicho en alusión directa a la muerte, el inevitable destino que a todos nos espera y que a todos nos iguala. Pero tan lapidaria frase probablemente se pueda aplicar a nuestro futuro económico porque esta crisis a todos nos va a equiparar con un corte de pelo "al cero".
Una "cifra" más en las estadísticas del paro... ¿O una persona? Todo depende de si eres miembro de alguna familia política o parte integrante de la humanidad.
Hará un par de días que mantuve una interesante charla telefónica con el director de una agencia de publicidad que, en principio, se ha interesado por mi trabajo. Aseguraba haber asistido poco antes del comienzo "oficial" de este monstruo que todo lo devora y hemos convenido en llamar Crisis, a una conferencia magistral impartida por un gran gurú norteamericano, de esos que llevan impreso en su carné de conducir el sello de Premio Nobel de Economía. ¡Pues bien! El señor auspició un futuro a medio plazo en el que todos acabaríamos siendo "mileuristas" debido a la globalización y la oportunidad de competir todos por cualquier interés comercial a través de la red. Tan sólo algunos banqueros, creadores de redes sociales y buscadores de éxito, tendrán el poder económico en sus manos... Un futuro más propio del 1984 de Orwell.
El ejemplo que utilizó este sabio de las finanzas fue el de el ingeniero que ahora cobra un gran sueldo y que en breve tendrá que poner a prueba la validez de sus proyectos en clara lucha -no competencia- con los elaborados por ingenieros de otros países que lucharán por llevarse la contrata vía Internet. Eso obligará a bajar su "caché" hasta hacerlo tan asequible como para ser contratado en detrimento de quien provenga, por ejemplo, de un país emergente.
Pero, claro está: si el ingeniero ya no puede permitirse comprar más BMW's y Mercedes por la pérdida de poder adquisitivo, estas casas automovilísticas se verán obligadas a bajar los precios de sus ofertas si no quieren verse abocadas a desaparecer del mapa. (Y continúo yo:) También, por supuesto, los ingenieros de estas grandes marcas deberán rebajar sus sueldos para hacer los coches más competitivos en el mercado. Y así será con quienes les suministren todo lo necesario para construir uno de ellos; y con los que facilitan los materiales a estos últimos para construir piezas mecánicas, circuítos de fibra óptica, ruedas, etc.; y, por fin, con la mano de obra que extrae las materias primas de la tierra o que símplemente las transforma. Y qué decir de los publicitarios que tratan de crear la mejor imagen para un coche económicamente devaluado... Escribo de creativos, diseñadores, infografistas..., de seres humanos tocados hasta ahora por la Diosa Fortuna y a los que la globalización les está dejando a la altura del betún de fabricación china.
Pero es que si ninguno de los mencionados hasta ahora puede ya disfrutar de unas vacaciones lujosas durante un mes, las agencias de viajes tendrán que ceñirse a lo que hay suprimiendo sucursales y puestos de trabajo creados en plena hinchazón de la burbuja inmobiliaria, esa que cuando estalló lo hizo en plena cara, en las nuestras. Pero si bajamos los sueldos de todos quizás no haya que cerrar tanto y echar a tantos y tantas a la calle. Lo que sucederá es que ya no podremos comprar el último modelo del modistillo famoso de turno y nos tendremos que conformar con los ropajes de "baja durabilidad" de Zara, trapejos también "Made in China".
Y así sucederá incluso en las distintas administraciones públicas dado que el número de funcionarios se ha multiplicado de tal forma (especialmente en las Comunidades Autónomas que tienen más consejeros que todos los Reyes de España juntos) que no es posible sostener por más tiempo su mantenimiento a no ser que se bajen los sueldos, como ya se ha empezado a hacer.
Y, de las entidades bancarias, ¿qué podemos decir? Crecieron tanto como la estafa inmobiliaria. Ahora desaparecen sucursales en la misma medida que el crédito se difumina. Además, si debemos pagar indemnizaciones, sueldos y jubilaciones infames a todos los directivos, los mismos que nos han metido de lleno en la crisis del ladrillo y del pelotazo económico, tanto los clientes como los propios trabajadores de la sucursal se verán obligados a reducir sus beneficios, los primeros, y sus nóminas, los segundos.
El grave problema va a ser que el Estado no va a poder soportar tal número de parados, de personas que sólo cobran el subsidio, de jubilados, de bajas totales, etc., etc., etc. Sólo lo logrará si se hace una apuesta común por salir del hoyo algo que ningún político está dispuesto a realizar sabiendo que de ello dependen sus réditos electorales.
En fin: nos tocará sacarles las castañas del fuego a nosotros, como siempre, aunque luego ellos se apuntarán el tanto.
Lo que está claro es que esta sociedad se va a transformar radicalmente para volver a unos niveles de consumo como los que disfrutaron nuestros abuelos y nuestros padres; un mundo en el que todos vivían más felices porque no existía el nivel competitivo que nos hemos generados en los llamados "años de bonanza económica", años de falacia inmobiliaria.
Aunque el gran reto será sacar de la pobreza a tantas y tantas personas, cada día más, que engrosan las cifras de la ignominia. Para comprender mejor esta situación, os dejo con un enlace a un artículo que me ha enviado Rantamplán, el colaborador de lujo de este blog:
¡Que Dios nos pille confesados! Por si acaso, haremos caso de Gurruchaga y nos iremos poniendo una peluca ¡ya!
Salu2
Huang-ho
