ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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sábado, 18 de junio de 2011

DIOS NO JUEGA A LOS DADOS CON EL UNIVERSO

Aunque parezca mentira esta frase no ha sido pronunciada por los labios de alguno de los tertulianos de la infame Intereconomía en algún debate a la mayor gloria de Franco, sus descendientes y la religión de turno; uno de esos debates en los que aún se niega, entre risotadas, la teoría de la evolución para mayor escarnio público de los progres, siempre según los sesudos apóstoles de las teorías más medievalistas.

Esta frase fue la respuesta rabiosa de Einstein a la teoría del Principio de Incertidumbre que alzó a Werner Heisenberg hasta el premio Nobel de Física de 1932 y que estableció de forma sólida el principio de la mecánica cuántica que Max Planck comenzará a asentar allá por 1900. Einstein, que había formulado ya su famosa Teoría de la Relatividad, una hipótesis bien calculada de cómo funciona el Universo, negaba los hechos imposibles que formulaba Heisenberg al nivel de las partículas fundamentales que problablemente no tuvieran ni posición ni velocidad definida en el espacio. Desde aquel momento el genio alemán más mediático pasó su vida intentando explicar la imposibilidad de la teoría apuntalada por Heisenberg pero murió en el intento.

En realidad lo que Albert Einstein trató de lograr sin saberlo (como ahora muchos científicos, pero estos ya de forma premeditada) era llegar a la Teoría Unificada de ambas propuestas: la Teoría del Todo para explicar el Universo a todos los niveles.

Y me preguntaréis qué tienen que ver Intereconomía con la mecánica que revolucionó nuestra forma de concebir el mundo atómico y sub-atómico. Pues bien: ¡nada! Es por eso que aquí podremos adentrarnos en estas incognitas de la forma más natural del mundo y en la cadena del water no; seguro que podreis disfrutar de algún debate programático sobre el sexo de los ángeles.

Ideograma de un acelerador de partículas

Y sigamos, no vaya a ser que termine pensando que la mecánica cuántica es una teoría errónea puesto que las partículas del submundo de Intereconomía -sus tertulianos, presentadores, guionistas y directores de programación- si que está posicionadas en el espacio -¡y mucho!- y se conoce de ellas siempre su trayectoria, estén donde estén, hagan lo que hagan, maldigan lo que maldigan: hacia atrás en la historia de la humanidad, justo derecho a la prehistoria pero de culo, como los cangrejos cuando huyen del peligro. Pero a ellos les dedicaré un bonito post otro días; uno de estos días...

Y todo este embrollo en el que os estoy sumergiendo ha surgido tras una conversación mantenida por correo electrónico con un amigo bastante versado en temas de informática y realmente entusiasmado sobre los grandes aportes que puedan derivarse del entorno del mundo del Cloud Computing. En realidad dirimíamos sobre la inseguridad que aún hoy en día ofrece estos sistemas de almacenamiento remoto en torno a la protección de datos para terminar concluyendo que la Criptografía Cuántica será el futuro real de la confidencialidad de la información transmitida. ¿Y por qué? Pues simplemente, y para entendernos, porque cualquier intervención en un entorno cuántico hace que se altere dicho entorno. ¡Así de fácil!

A toda fuerza de acción, corresponde una de reacción. Eso es lo que parece suceder con la criptografía clásica y los piratas a una velocidad de vértigo.

Pero yo me pregunto lo siguiente: si sabemos que una partícula no se puede ubicar en el espacio tiempo es, también, porque existe. Y si existe, ¿no tendrá razón Einstein y será algo cuantificable? Seguro que sí. El problema es que por el momento no tenemos medios para medir velocidad y posición a la vez porque distorsionamos el entorno, es decir: para conocer uno de esos parámetros necesitamos echar mano de la luz, una fuente de energía en sí misma que estimula la partícula que se desee cuantificar. En principio debemos proveernos de una fuente lumínica cuya longitud de onda esté por debajo de la partícula; pero, cuanto menor sea dicha longitud, mayor será la frecuencia, la energía que transporta. Así pues, sabremos dónde está pero no a qué velocidad circula por haberla estimulado en gran medida. Y viceversa.

El problema estriba en que tratamos de mesar todos los parámetros basados en la mecánica clásica dentro de un entorno cuántico por lo que nos será imposible tomar mediciones reales, sobre todo considerando que una partícula puede estar en muchos lugares al mismo tiempo y que pueden ser interpretadas de forma diferente desde distintos puntos, tal y como ilustra la imagen siguiente de Wikipedia:
 
Imagen ilustrativa de la dualidad onda-partícula, en el cual se puede ver cómo un mismo fenómeno puede tener dos percepciones distintas.

 Parece claro que cuando consigamos comprender un poquito estas "excentricidades" de la Naturaleza quizás comenzemos a respetar mucho más nuestro entorno y a nosotros mismos por lo complejos y maravillosos que somos los seres humanos... ¡Bueno: los de Intereconomía, no! Esos tan sólo son especialitos...

(¡En fin! Como desagravio a esa cadena televisiva que asegura estar siempre en posesió de la verdad en base a que tiene la fe de su parte, voy a echarles una mano con el tema de la campaña que están realizando para recolectar dinero y que no se hundan del todo en el sumidero de los que no saben programar una televisión. Y lo voy a hacer pidiendo a mis lectores una ayudita para estos muchachos -las muchachas no tienen cabida en sus programas- que aseguran la culpa es de Rubalcaba que les quiere silenciar... Las culpa, ya saben, siempre es de Rubalcaba. ¡Quosque tandem...! ) 

Salu2
Huang-ho


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