ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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viernes, 30 de abril de 2010

POR UN DÍA, Y SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE, HE APRENDIDO ALGO

A veces mi pequeña neurona, la única que aún sabe hacerme los deberes sinápticos y otros favores personales, me sorprende gratamente. A saber:

Hoy, mi querida amiga, ha conseguido hacerme entender, con mandarinas y en mi idioma ruprestre tardío, una obra de Shakespeare (Sexpier para los amigotes, los seres golfantes que a él se le dieron tan bien hasta el mismísimo día de su muerte). Se trata de una profunda denuncia social en la que se describe a una persona-de-diferente-color manipulada y extorsionada a todos los niveles por otras personas cuya tez pálida y demacrada -¡qué clásico!- dominaba por aquellos lares descritos. En cristiano: tontos blanquitos dándole caña a la buena gente por ser de diferente orígen, como yo, más raro que el perro verde de El Hortelano, la marca de legumbres biotecnológicas preferidas por los gourmets, otros seres muy raros dado que comen cosas que los demás no podemos pemitirnos.

El caso es que aquel sufrido hombre demandaba otro trato, más de persona humana, declamando en voz alta pensamientos profundos del estilo: "Mira que si me pinchas yo también sangro", "...que si me tocas las narices también me duelen", "...que no me busques que si lo haces me encuentras y soy yo muy mío", y así. Y no se trataba de José Mota, que el ser al que antes me refería poca pinta de manchego de Montiel tenía. Aunque hoy en día, nunca se sabe...

El caso es que mi neuronita ha excitado mi inteligencia cuando, en un día dominado por el calor, me ha hecho ver por qué todos los hombres somos iguales. La respuesta a qué cualidad nos hace comunes me ha sido revelada inhalando esa fragancias extremadamente reconocibles generadas cuando calienta el sol, aquellas esencias inesperadas por lo repentinas pero rabiosamente familiares y reconocibles a gran distancia: los olores a sobaquina y a pinrreles. Del resto del organismo mis glándulas olfativas no se han atrevido a hacerse responsables.

En resumen: si yo fuera el inglés genial, habría puesto en boca de su personaje algo bien diferente. "...¿Acaso no me huelen los pies igual que a tí? ¿No es cierto que mis sobacos rezuman sobaquina, como los tuyos y los de tus allegados? ¿Es justo que mis pelotillas pódicas sean relegadas al olvido siendo tan gomosas como las tuyas?".

¡Viva la igualdad!

(Por cierto: hoy, además de los temidos ataques de la falta de aseo personal innatos a estos calores, el tufillo de algo muy podrido también ha llegado hasta mi apéndice nasal. ¡Más del veinte por ciento de parados, señor! Y todavía, Don Zeta-Peta, nos vuelve a decir que esta vez, de verdad de la buena, hemos tocado techo. ¡Joder que humano qué eres, Sr. Presidente!)

Saluditos primaverales
Huang-holfativo

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