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viernes, 31 de enero de 2014

Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuando abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? (Vídeo HD)


A riesgo de meterme en un jardín del que difícilmente luego pueda salir en virtud de su espesura, hoy he decidido atreverme con este artículo que llevo ya un tiempo meditando. Lo que sí espero es que no termine por resultaros tan intragable como un ladrillo y consigáis reunir las fuerzas suficientes como para llegar al final del texto porque tiene miga. Y comenzamos. ¿Pero quién diantres fue Catilina?
Según Salustio:
Lucio Catilina (...) fue de gran fortaleza de alma y cuerpo, pero de carácter malo y depravado. A éste, desde la adolescencia, le resultaron gratas las guerras civiles, las matanzas, las rapiñas, las discordias ciudadanas, y en ellas tuvo ocupada su juventud. Su cuerpo era capaz de soportar las privaciones, el frío, el insomnio más allá de lo creíble para cualquiera. Su espíritu era temerario, pérfido, veleidoso, simulador y disimulador de lo que le apetecía, ávido de lo ajeno, despilfarrador de lo propio, fogoso en las pasiones; mucha su elocuencia, su saber menguado. Su espíritu insaciable siempre deseaba cosas desmedidas, increíbles, fuera de su alcance. A este hombre, después de la dictadura de Sila le había asaltado un deseo irreprimible de hacerse dueño del Estado y no tenía escrúpulos sobre los medios con los que lo conseguiría con tal de procurarse el poder. Su ánimo feroz se agitaba más y más cada día por la disminución de su hacienda y por la conciencia de sus crímenes, incrementadas una y otra con aquellas artes que antes he señalado. Le incitaban además las costumbres corrompidas de la ciudad echadas a perder por dos males pésimos y opuestos entre sí: el libertinaje y la avaricia. Puesto que la circunstancia ha traído a colación las costumbres de la ciudad, el asunto mismo parece aconsejarnos volver atrás y explicar brevemente las instituciones de los antepasados en paz y en guerra, cómo gobernaron la República y cuán grande la dejaron para que poco a poco se transformase de la más hermosa y excelente en la peor y más infame.
La Conjuración de Catilina, V
...su espíritu impuro, hostil a los dioses y a los hombres, no podía tranquilizarse ni en la vela ni en el reposo, hasta tal punto el remordimiento corroía su alma sobresaltada. Así pues, su color era pálido, su mirada repulsiva, su andar unas veces rápido y otras parsimonioso; en su aspecto y en su rostro se evidenciaba inequívocamente la locura.
La Conjuración de Catilina, X


(Extraído de Wikipedia:) Lucio Sergio Catilina (en latín Lucius Sergius Cătĭlīnă108 a. C. - 62 a. C.), más conocido como Catilina, fue un destacado político romano de la era tardorrepublicana, perteneciente a la facción de los popularesCatilina ha pasado a la historia por ser el protagonista de la llamada conjuración de Catilina, una conspiración que, según las acusaciones formuladas por Marco Tulio Cicerón, habría consistido en destruir la república romana.

A poco que se profundice en la personalidad de aquel aguerrido líder, podemos considerarlo como un resumen del prototipo del personaje que quiere llegar al poder sea como sea y mantenerse en él sin importarle el coste. Desde luego que en un principio se haría muy popular gracias a la fortaleza que dimanaba y el empeño exacerbado que desplegaba a la hora de lograr cumplir sus objetivos. Pero esas mismas características terminarían por hacerle odioso en el momento de codearse de tú a tú con las altas instancias debido a su mala costumbre de plantearse constantemente dar un paso más hacia arriba sin importarle lo más mínimo quién pudiera terminar siendo aplastado por los cascos de sus caballos.

Pero todo el mundo tiene un día malo y el suyo fue aquel en que terminara derrotado en unas elecciones a Cónsul por, ni más ni menos, el célebre filósofo Marco Tulio Cicerón, el mismo que acuñase la famosa frase que da título a este post en el transcurso de un discurso (la primera Catilinaria) que le dedicara en el Senado romano, justo cuando Catilina decidió encabezar un golpe de estado. Fue también en aquel momento en el que entonó su famosa frase: "O, tempora; o, mores! ¡Oh, tiempos; oh, costumbres!"

Parece, pues, que la sabiduría había vencido a la rabia. Pero sobre todo porque dicha erudición estaba respaldada por el pueblo. Los romanos sabían que no se podía dar un sólo paso sin contar con los ciudadanos, sin recabar su apoyo. Y es de eso, precisamente, de lo que deseaba liberarse Catilina porque, seguro, lo consideraba un yugo demasiado pesado. Decidir desde el poder por los demás era, pues, la meta. "Toute pour le peuple, rien par le peuple" "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo", podría ser la frase que, acuñada durante el despotismo ilustrado, siglos después, sirviera para definir perfectamente el comportamiento de Catilina y de tantos hombres y tantas y mujeres que un día creyeron ser los elegidos divinos para dirigir el destino de las gentes.

¡Ah! En la vanidad siempre acechan el error y el fracaso pero, en la simpleza, la sabiduría y el éxito. Como dijo Ockam en su famoso principio de la navaja acuñado a principos del siglo XIV, "la explicación más sencilla suele ser la correcta". Y desde luego que el apoyo de las múltiples deidades a las acciones de los dirigentes humanos no es una explicación sencilla, ni mucho menos convincente, aunque en aquel entonces pudieran tener cierta credibilidad.

Y no lo es, tampoco, creer que la Vírgen del Rocío vaya a echarnos un capote para salvarnos de esa lacra que supone el abrumador desempleo en España; o que Santa Teresa esté velando por cambiar las cosas en este país; ni mucho menos que Santiago pueda ser el puntal de la recuperación económica; o que, como nos cuentan también los miembros de este desgobierno, los divinos indicadores económicos se hayan aliado con las políticas erráticas del gobierno en todas las materias... ¡Fíate tú de la Vírgen y no salgas corriendo!

Mejor aplícate aquel refrán que dice: "A quien se ayuda, Dios le ayuda". No te enfrasques en promesas de carácter mitológico porque nadie va a venir a ayudarte desde el cielo, menos aún desde esta administración pública que se envuelve a sí misma en aroma de santidad con el objeto de asegurar que vela por tí al tiempo que aprueba leyes mordaza para que no puedas quejarte.

O luchas tú por tu cuenta, por tí y por los tuyos, o nadie se va a apiadar de tu mísera existencia. Y protesta cuando no puedas más. Sal a la calle y haz valer tus derechos, esos que nos están cercenando con mucha celeridad y poca dignidad. Sal a la calle y grita con todas tus fuerzas: Quosusque tandem abutere, Catilina, patienta nostra?




COMO SER FELIZ EN TIEMPOS DE CRISIS


Salu2
Huang-ho
Y recuerda: SOMOS LO QUE VOTAMOS

(Así me he quedado yo de guapo
después de las últimas elecciones
por no haber elegido bien)


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