ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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jueves, 4 de febrero de 2010

ES PELIGROSO ESCRIBIR A ESTAS HORAS DE LA NOCHE...

Cuando escribes de madrugada, no sabes muy bien cómo puede acabar el intento de comunicarse con los demás o probablemente, con uno mismo. Es un hecho cultural imposible basado en la insalvable distancia existente entre mi cerebro y mi alma de payaso asesino. Un abismo que no es, precisamente, la referencia más corta: la línea recta.

Comprendes que la luz te abandona y no sabes muy bien qué tema abordar. Más a pesar de todo te sientas frente al ordenador y decides probar suerte, la misma que gastan los condenados a muerte, los que piden clemencia sabiendo que han sesgado otras vidas y aún peor: la misma de los que se saben inocentes e impotentes, en una mezcla de pasión y vigilia. Lo cierto es que resulta muy fácil acabar con las posaderas a la brasa, que la silla eléctrica de la mente no perdona ni a hombres ni a demonios.

¡Me explico! Que estaba planchando, dos kilos de ropa por medio, tras haber preparado tres tandas de cenas diferentes para otros tantos comensales. Y todo ello horas antes de haber comprado las viandas servidas entre pañal va, pañal viene, con el amor y la dedicación propias de la madre nutricia. Después de haberlas cocinado pensando, en base a un presupuesto ajustado, cómo gestionar adecuadamente el fondo de nevera para que las cuentas cuadren, o al menos no griten con desesperación, con la fiereza que Katharine Hepburn demostrara doblegando a El León en Inviernoque por viejo y poco listo ya no podía ni planchar sus arrugas.

Y es que el hecho de planchar sin ton ni son me torna violento, como para dejar lisos, lisitos, en acto de venganza doméstica, los pantalones de mi mujer, esos que viven de la belleza de la arruga de moda. Luego se me quita las ganas de vivir cuando atónita los contempla allí, en la percha, colgados como un pellejo de cabra recién descarnada:

-¿Pero tú dónde has visto que las arrugas tengan que ser planchadas?, dice ella con la amabilidad propia de la niña de El Exorcista.

- ¡Aaaahh! Es que yo pensé que las planchas habían sido inventadas para alisar...

- ¡Las arrugas de tu cerebro! ¡Tanto pensar, tanto pensar...!, vuelve a intervenir ella, mi amada, mi liviano Diente de León (planta vivaz, anual y perenne con raíz primaria y roseta basal que no suele alcanzar más de 40-50 cm.[1], de hojas alternas, sin peciolo diferenciado, pinnatipartidas con lóbulos en forma triangular de márgenes dentados y agudos, con Pedúnculos de la inflorescencia huecos, Flores hermafroditas de un color amarillo dorado que la hacen fácilmente identificable y Corola en lígulas terminada en cinco pequeños dientes cuyo fruto es una cipsela o aquenio con vilano, y todo esto según Wikipedia y los que en ellla escriben) mecido por el viento en un día de primavera radiante, uno de esos días en que Mimosín bota con más fuerza, si cabe, sobre las toallas esponjosas y cursis que luce en los execrables anuncios que lo hicieron famoso.

Entonces, como poseído por las fuerzas del averno, me preparo para destruir cualquier estupidez que se atreva a pasar por delante de la única neurona que aún me funciona, esa que aún lucha por respirar fuera del recinto mohoso en que los vapores de la plancha han convertido a mi bóveda craneal.

(¡A ver...! Momentoooooo... ¡La niña...! ¡Otra vez llorando...! Ahora vuelvo que voy a calmar a la fiera...)

(Tres cuartos de hora después y una película de Mickey Mouse entre ceja y ceja...) Como iba diciendo ayer, o hace un rato, me encuentro listo para rebanar pescuezos a la antigua usanza, sin filo, sin piedad, tan sólo armado con un canto rodado afilado entre los dientes pútridos de un perro sarnoso. El llanto inconsolable de mi hija ha terminado por darme la puntilla entre las vértebras.

¡Y comienzo! Y lo hago por tí, Esteban González Pons, el bonito del Vicesecretario de Comunicación del Partido Popular -¿quién es el secretario, por cierto?-, que esta mañana, lúcido escaparate del intelecto infrahumano, has solucionado, sin pestañear, con las cejas enhiestas y las agmídalas de plomo, los problemas de este país y los míos propios -todo hay que decirlo- durante la pérdida de tiempo y buen gusto que ha su supuesto la entrevista que desgraciadamente le han dedicado en los Desayunos de la Uno. A la pregunta de cómo resolver la crisis en España, él, sonrisa hipócrita de por medio, ha contestado, valiente, con un par, como si estuviera haciendo historia, como si los libros de geografía fueran a ubicarle en el mapa a partir de ese decisivo momento para la historia de la humanidad, la siguiente estupidez que debiera ser registrada con luz y taquígrafos para que nadie volviera a intentar repetir memeces de semejante calibre:

"Haciendo bien los deberes".

¿Te lo cargas tú o lo hago yo? ¡Díme, díme, que a mí no me va a costar más que un empujón al abismo del parado! ¡En fin...! Podría hablar horas y horas acerca de la reveladora intervención del tipo este al que algún visionario ha colocado en el puesto de vocero de la mayor formación política de la oposición pero es que corro el riesgo de olvidarme del resto de los perlados animales políticos, porque de bellotas y zanahorias sobrados estamos.

¡Por ejemplo! Zapatero, ayer, formó parte de otro desayuno, uno que parecía celebrarse en el interior de un confesionario a juzgar por lo extraño de la puesta en escena, propio de un barracón ferial, de una Freak Parade. Presidido por Obama, aquel espectáculo parecía asociarse más a un concurso de frases bíblicas destinado a dormir al más pintado que a una pugna por conseguir ser el mayor tragafantas del reino, el consumidor irreductible del zumo de naranja concentrado en el desayuno, jugo este que se mostró como la única nota de color primaveral de la pasada mañana, en aquella mesa de tristes y recomendados por Dios. La cuestión es que, después de condenarnos a jubilarnos dos años más tarde de lo previsto y a otras cositas lindas más, va y cita un versículo de la Biblia, sin sonrojarse, como los buenos, como los que no deben temer la ira de los justos:

"No explotarás al jornalero pobre y necesitado, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros".

¡A ver, a ver! ¿Por qué no te dejas asesorar de vez en cuando, bestia mía? ¿No te das cuééénnnn de la incompatibilidad de cumplir el mandato divino al que hacías referencia bajo tu mandato terrenal? Deja, por favor, que alguien de tu entorno, sólo de vez en cuando, por supuesto, se atreva a sugerirte lo difícil que puede llegar tratar de sobrevivir a tus contradicciones permanentes. ¡Ya! Ya sé que te escudas en la inútil oposición de aquí, de la Península Ibérica. ¡Pero ya te vale, hombre! Que sea fácil no hacer nada por atenuar un poquito el sufrimiento de los demás sin perder demasiados votos no te excusa de la responsabilidad adquirida. Bájate del pedestal y súbete al andamio, si es que encuentras alguno todavía en pie.

¡Hala! Que me voy a "mimí", como dice mi hija. No vaya a ser que continúe la lista.


Salu2

Huang-ho

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