ESCRIBO, LUEGO TENGO DEDITOS Y, AL MENOS, UNA NEURONA

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lunes, 5 de julio de 2010

HOY NO SABÍA DE QUÉ HABLAR...

...y es por eso que se me ha ocurrido tontear un poco (bastante) con las teclas y dejar que la escritura automática aflore. Lo que pueda pasar a partir de ahora sólo el cielo lo sabe.

Hoy he comenzado a escribir con el espíritu emprendedor que se intuye en la imagen, armado de inteligencia y fé ciega en mí mismo... ¡Valor hay que tener!

Así que se me antoja que lo más importante del día, para toda la humanidad, ha sido el incontestable hecho de haber conseguido establecer contacto con una hormiga... ¡Sí, con una hormiga! ¿Pasa algo? ¿Acaso los contactos en la tercera fase han de tener lugar con E.T.'s y similares? Pues va a ser que no. Me explico:

Nada más identificar como insecto al molesto ser que recorría mi apéndice nasal como si de su cocina se tratara, sospeché que deseaba algo más que tocarme las narices. Efectivamente, enseguida reveló su infame propósito:

-"¡Eh, tío! ¿Tienes algo para mí?, me preguntó al tiempo que me dejaba bizco dada la proximidad de su queratinoso cuerpo a mis enormes ojos de artista venido a menos con la edad que ya tengo y la que está cayendo. -"Que me han dicho que tienes migas de pan pa'burrir", continuó.

Y yo pensé inmediatamente que la chivata podría haber sido la tragaldabas de mi perra, animal obseso que sólo vive por y para la ingesta; el ser que menos disfruta de la comida con mucho, con empeño malsano. -"¡Que me des algo, chaval! Que no es por vicio, que tengo cientos de churumbeles muertos de hambre en el nido", continuó mientras babeaba ácido fórmico sobre mi preciosa sayón y escriba.

Entonces me vino a la cabeza la mala idea de aplastarla de un manotazo en un intento desesperado por librarme de ella... ¡Imaginad el resultado! ¡Imaginad unas lentillas rotas, casi incrustadas en mis ojos! ¡Imaginad al pequeño animal muerto de risa, literalmente muerto de risa, pegado a la única retina que aún daba muestras de vida en el que unos momentos antes fuera mi agraciado rostro y ahora el de un monstruo deforme y estúpido!

Horas después, en la sala de urgencias, el médico de turno fue sincero conmigo:

- "La hormiga estaba plagada de bacterias desconocidas para el ser humano", comenzó a decirme con firmeza y claridad. -"Según nuestros cálculos, estimamos que apenas le quedan unos minutos de vida", se atrevió a asegurar con cierto amargor. -"Por ese motivo hemos decidido no someterle a una operación quirúrgica para extraerle el insecto del ojo y dejarle, al menos, un glóbulo ocular útil", concluyó.

Entonces comprendí que lo último que vería en esta vida y lo primero que impregnaría mi retina en la siguiente, sería un infecto bicho harto de pan. Y así sería hasta que mis ojos se pudrieran bajo tierra.

Lo peor de todo es que no hay moraleja en ésta, la "Fábula de la Hormigaplastá".

Salu2 de loco
Huang-ho

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