Año tras año, los grandes ciclistas dejan de serlo por su aficción al "dopping", es decir: por conducir sus vehículos montaña arriba puestos hasta las cejas para conseguir llegar los primeros. Poco a poco, las figuras más relevantes van dejando entrever sus preferencias por el lado obscuro de la fuerza, especialmente por las investigaciones oficiales al respecto y porque más de uno cae en la refriega, como Marco Pantani.
"¡Ay! ¿Quien maneja mi barca que a la deriva me lleva?", diría Remedios Amaya, como aquel día en Eurovisión. (¡Qué memoria la mía que hasta de los espantos me acuerdo!)
Ahora que los jueces están estrechando el cerco al heptaganador del Tour, el americano Lance Armstrong, y lo hacen a tiro pasado, nos preguntamos por qué a él sí se le investiga y no a otros múltiples ganadores, como fue el caso de Miguel Indurain al que se vieron obligados a echar a mitad de aquel famoso Tour que destapó el tarro de las esencias de las drogas en el ciclismo. Luego pareció que fuera él quien decidiera retirarse.
El caso es que todos los ciclistas reconocen echar mano de los médicos para tratar de llegar a la cima. Hay mucho dinero y prestigio en juego, tanto como para no importar el futuro de las personas que montan sobre esas bicicletas. La mayoría acaban con problemas de salud muy serios, si no enganchados de por vida y/o muertos por sobredosis en la solitaria habitación de un hotel.
A los más viejos del pelotón se les oye decir que cómo van a competir con chavales de dieciocho o diecinueve años que, además, se suben a las bicicletas con toda la parafernalia psicodélica que aún no están en la lista de substancias prohibidas por desconocidas.
Y todo esto pasa porque las distintas organizaciones de los eventos ciclistas, especialmente los de larga distancia, generan unos recorridos imposibles de ser resueltos por seres humanos en condiciones normales, por muy atletas de élite que sean... Y todo esto sucede porque a nosotros también "nos pone", y mucho, ese inhumano esfuerzo al que se ven obligados y sus esquelas en la prensa escrita.
Salu2
Huang-ho

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