Ayer, aprovechando una imagen de Cháves, el Bárbaro (nuestro Cháves, el Vicepresidente Tercero de Gobierno y Ministro de Polítca Territorial, Manolo, el andaluz) comenté en portada la forma "poco" delicada que tiene este hombre de hacer las cosas. En concreto me referí al hecho de haber comunicado a Tomás Gómez, líder del Partido Socialista de Madrid, la negativa del partido a que se presente como candidato a la Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid. Esgrimía como argumento estar en poder de unas encuestas que le dejaban fuera de la carrera presidencial.
Esta es la imagen a la que hacía referencia.
Por otro lado estuve viendo el Domingo cómo Alberto Contador recogía su trofeo: el que le acreditaba campeón del Tour de Francia (y van tres seguidos). Pero es que hará un mes también vimos recoger a la selección española de fútbol el trofeo de campeona del mundo rememorando el campeonato europeo conseguido. Y no hace mucho también pudimos ser testigos de la victoria a nivel mundial de la selección de Baloncesto. Y que vamos a decir del tenis español, con Nadal al frente, y de las grandes generaciones de motoristas y pilotos de Fórmula 1 que empiezan a copar todos los grandes premios...
En todas estas hazañas habitualmente hemos podido encontrar un denominador común casi inapreciable: a Jaime Lissavetzky, el Secretario de Estado para Deportes, entregando trofeos o felicitando aquí y allá. Seguro que ahora podeis adivinar qué camino he tomado en mi discurso. Pero perdamos un poco más de tiempo en explicaciones.
Jaime, un brillante químico español, fue uno de los hombres que forjaron en los ochenta y los noventa la Federación Socialista Madrileña cuando se la podía definir como una casa de citas en toda regla (y lo dice alguien que ha conocido la situación desde dentro). Quizás él fue el único cabecilla que salvó dignamente la honra. Pero fue tanto y tan soez lo que sucedió en aquel cuchitril que los gatos socialistas se vieron obligados a cambiar todo de arriba a abajo, nombre incluído. Ahora es Tomás Gómez, más conocido por haber estado al frente de la alcaldía de Parla, quien preside la Federación Socialista Madrileña transmutada en Partido Socialista de Madrid, un lavado de imagen originado después de El Tamayazo, caso de corrupción política con base en el ladrillo que llevó a Esperanza Aguirre a tomar el poder después de haber perdido unas elecciones.
Tamayo Barrena, el hombre ladrillo
Y es que Lissavetzky ha tenido la gran suerte de haber unido su destino a la época dorada del deporte español porque hasta en atletismo estamos despuntando bastante. Y ya no importa que los deportistas sean profesionales, sub-19 ó 18, mujeres o personas con discapacidades; se gana todo o, al menos, se queda en muy buenos puestos en las variopintas clasificaciones.
¡Bueno! Creo que ya es obvio que el Partido Socialista Obrero Español nombrará candidato al Secretario de Estado de Deportes para intentar arrebatar la presidencia de la C.A.M. a la aguerrida Doña Esperanza, actual presidenta. El problema de todo esto es que puede derivar en unas elecciones primarias en el seno del P.S.M. casi con toda seguridad.
Esperanza Aguirre: ¿ganará las próximas elecciones a la Comunidad de Madrid o tratará de presentarse a las generales como líder del P.P.? ¡Menudo culebrón!
Salu2
Huang-ho



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