Llega el Sr. Zapatero y le dice al Sr. Rajoy: -"¡Eh, majete! ¡A ver si te pasas un día de estos por la Moncloa y charlamos un rato de lo del paro! Lo mismo se nos ocurre algo para atajarlo que a cada estadística de población activa que se publica el número de población "desactivada" crece con locura. ¡Y nos salpica a los dos!"
El Presidente celebra su mejor momento: el fin próximo de su mandato y de sus problemas.
Y D. Mariano responde: -"¡Bueno, fale, chaval! ¡Pero no sé muy bien para qué voy a perder el tiempo contigo! Al fin y al cabo los parados son tuyos que para eso gobiernas y no pienso resolverte el problema para que sigas agazapado en el poder que ya me toca a mí, creo"
Y Don Mariano el suyo: el ascenso a los cielos de la Presidencia, con permiso de Espe.
-"¡Lo que te toca a tí también son los desempleados, Marianito! -responde furibundo el Presidente electo.- "¡Al fin y al cabo fuisteis vosotros los que empezaron a tejer una gran crisis con la tontería de la burbuja inmobiliaria!"
-"Perdona, bonito, pero nosotros no hicimos más que generar empleo y bienestar", asesta con dureza el líder de la oposición.
-"¡Sí, ya, claro! ¡Pero a qué coste! ¡Mira cómo estamos ahora después del pinchazo inmobiliario!", se defiende Zapatero.
-"Estamos como nos habéis dejado vosotros: al borde de la ruina. Y no acabaremos como los pobres griegos porque nosotros sembramos lo suficiente como para hacer de colchón. ¡Que si no...!", replica D. Mariano más crecidito, si cabe.
-"¡No puedo dar crédito a lo que oigo!", grita Zapatero muy ofendido.
Y así continuó la conversación durante eones. Y aunque parezca mentira, la reunión llego a celebrarse ayer. Y escribo "celebrarse" porque la palabra "representarse" podía haberse interpretado como un acto subversivo. Lo cierto es que al final de la obra teatral, ambos dirigentes se molestaron lo justo en comunicar a la opinión pública que la culpa era del otro. Pero lo cierto es que el tufillo a desempleado perenne ya viene de todas partes.
Una hora después, en un rincón olvidado de La Mano de Dios, una larga cola de parados de larga duración se incrementa por momentos frente a la puerta trasera de un gigantesco edificio perteneciente a una de las compañías punteras del mapa hispánico. Aquellos seres desesperados van a ser entrevistados para optar a una plaza en prácticas, lo que significa que serán explotados durante dos meses en una empresa que no piensa pagarles ni las dietas por sacarles adelante todo el trabajo atrasado de varios meses. Y todo ello bajo la promesa, con la presunta posibilidad de poder quedarse allí una vez finalizado el contrato de esclav@.
Ave, Caesar: morituri te salutant
Salu2 en vano
Huang-ho


0 comentarios:
Publicar un comentario