¿Y eso es tan importante? ¡A ver, señores, centrémonos! ¿Ustedes creen que es realmente indispensable saber qué demonios quieren decirnos los responsables de tráfico cuando colocan un placa encima de un palo en medio de una carretera? ¡Vaya tontería! ¡Un cagadero de pájaro es lo que es! ¿Desde cuándo los españoles hemos necesitado ayuda para circular en armonía? Que nosotros nos apañamos muy bien sin necesidad de que nadie tenga que venir a decirnos nada. Que los conductores españoles tenemos nuestro propio código de circulación, mucho más práctico que los ideados por los señoritingos esos del Ministerio y los cerebritos aburridos de Bruselas. Este es el C.C.C.E. (Código del Caballero Conductor Español):
1.- Mi coche es el más grande. Por tanto, siempre tengo la razón y los demás tienen que doblegarse ante mi alter ego;
2.- Si alguien pretende menospreciar el tamaño de mi coche, le paso por encima con mi Hummer para que sepa quién manda aquí. ¡Aahhhh, se siente! ¡Haberte pedido millonario, como yo, pobre de mierda!;
3.- Si algún mortal alberga duda alguna sobre quién tenía preferencia más allá del insano "Stop!" que se me puso por medio, le remito a mi puño derecho de forma cordial con los amistosos saludos de mi corte de abogados;
4.- Si un peatón trata de cruzarse en el camino de mi fantástico y reverenciado buga puedo optar por las siguientes acciones sin que nadie pueda echarme nada en cara porque mi seguro y mis abogados son lo más:
A.) Le paso por encima con elegancia, como si no hubiera hecho más que reventar una tonta nubecilla y me hubiera sido imposible advertir presencia tan insignificante. Esto provoca unos daños colaterales que son, ni más ni menos, una serie de tripas y huesillos pegados con sangre entre los bajos de mi fantástico coche... Y no estoy dispuesto a ello que mi Hummercito es muy sensible. El gilipollas ese está hoy de suerte;
B.) Detengo mi precioso vehículo ante el repugnante obstáculo humanoide, independientemente de que este absurdo ser se halle cruzando un paso de peatones que no sé que narices es ni me importa; tanta rayita blanca nos va a volver locos a todos, que luego decimos de la coca. Después, me veo obligado a apearme de mi cuna motorizada y le parto la cara al imbécil que ha osado inmiscuirse en mi vida amorosa, llegando a interrumpir el trepidante idilio que mantego con el escandaloso motor V8 de dieciseis millones de válvulas que contamina como un camión cisterna. ¡Si es que no entienden de arte motorizado!
C.) Le increpo amablemente, poniéndole a parir en todo momento, sin pestañear, con arrestos de macho ibérico. Entonces le pido con la mejor de mis sonrisas al hijodeputa ese (que me está gritando algo que sólo las ratas pueden entender) que se retire de enmedio si no quiere ser pisoteado por mi cacharrito juguetón. ¡Cuánta envidia insana, por Dios!;
D.) Llamo a mi abogado y le digo que venga a meter en cintura al imbécil que se empeña en meterse donde no debe. ¡Ponle una denuncia por allanamiento de morada, joder!
5.- Si me paran y doy positivo en alcohol y/o drogas varias, invito a las autoridades a mirar hacia otro lado porque el juez va a pensar que le estamos haciendo perder el tiempo con estas nimiedades. ¡Pues no tendrá suficiente ya, el pobre, con el caso Gürtel! Si es que va a decir que para qué me llevan allí con lo guapo que soy y la pasta que tengo.
6.- Si me llega una multa, la tiro a la papelera y la prendo fuego. Llamo al seguro de la casa y pido que me pagen por triplicado los desperfectos. Así me capitalizo lo suficiente como para abonar la sanción y tomarme unas cañas con unas gambitas a la plancha. ¡Hay que tener recursos, chaval!;
7.- ¿Que me meten en la cárcel por conducir mi cari? No pasa ná. Me llevo la lima del 10 metida en el culo y a correr. ¡Pues menudo soy yo!;
8.- Algún tontaina trata de darte boniato en la ducha del penal después de tirar la pastilla de jabón al suelo. ¡Tranqui, tío! Le hablas de abrazar la religión, de dar sentido a su vida, y asunto solucionado;
9.- ¿Que algún despistado va y me mete una puñalada trapera? ¡Eso no es ná! Me agarro bien las tripas, me las pego con Supergen, y me voy a la enfermería por mi propio pie, marcando estilo, con gracia torera y sin derramar una sóla lágrima, que gotas de sangre ya iré dejando a miles por el camino; y...
10.- ...Y ahora voy y me muero encima de la camilla -¡chulo de mí!-, como protesta porque los médicos carcelarios están de visita familiar en Las Bahamas (el bar oficial del presidio) con todos los gastos pagados, dietas incluidas, al tiempo que mis constantes vitales han decidido irse a paseo para siempre como lo hizo aquella mujer a la que tan mal traté por ser una vulgar peatona. ¡Y qué! ¿Pasa algo? Uno se muere y en paz, sólo como un perro callejero. ¡Total...! ¿A quién le importa tu miserable vida? ¿A quién le ha importado alguna vez un tipo que nunca supo que su automóvil disponía de intermitentes y luces de cruce? Si es que cómo complicamos las cosas, D.G.T. En el fondo, se trataba de un amor imposible...
Salu2
Huang-ho
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