" ¡PERO NO TANTO NI TANTAS VECES, HOMBRE! ", parece querer decir Benedicto XVI.
Aunque ponga buen cara al mal tiempo, el Papa parece no saber muy bien cómo actuar ante los constantes casos de pederastria surgidos hasta el momento en el seno de la Iglesia. El último, incluso, salpica al entorno de su hermano, Georg Ratzinger, director del Coro de Voces Blancas. Por lo visto algunos eclesiásticos sometieron a vejaciones sadomasoquistas a buena parte de los menores que cantaban en dicho coro durante más de quince años.
A mí se me ocurre alguna cosilla para evitar estas situaciones de una vez por todas aunque difícilmente ya se pueda erradicar del todo porque el mal, como hemos visto, está muy arraigado en todas partes del mundo. Y cuando digo que se me ocurre algo, no me refiero a la patada en las ingles con bota de acero y punta estriada, que para lo único que serviría esa actitud sería para quedarse muy agusto. ¡No, no! Yo apuesto por algo más normal, más adecuado a los hombres y mujeres de paz de este mundo. Se trata de lo siguiente:
En primer lugar, permitir que los siervos y siervas de Dios puedan tener relaciones con cualquier mayor de edad, casarse si lo desean y tener hijos, es decir: desarrollar una vida sexual plena para no volverse psicópatas. Es lo que tiene la represión. Pero además, así sabrían de qué hablarnos cuando intentan abordar estos temas que desconocen por completo.
En segundo lugar, reconocer ya de una vez que las mujeres son iguales a los hombres, hecho por el cual también estarían obligados a proporcionar los mecanismos adecuados para que pudieran ejercer el derecho a participar en el proceso de toma de decisiones de la Iglesia como cualquier curita. Seguro que con ellas nos iría a todos mucho mejor.
Y, por último, decidos que no me hagáis mucho caso. Ya sabéis que soy un pobre loco que suelta las cosas así, sin más. No quiero tener que lamentarlo, como le sucediera al ingenioso hidalgo y terminar por decir: "Sancho: con la Iglesia hemos topado".
Salu2
Huang-ho

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